Comisiones Obreras del País Valenciano | 19 de febrero de 2020

8M 2020

El futuro del sindicato está en integrar lo que la empresa ha desintegrado

    Unai Sordo concluyó la presentación de su libro en València, señalando que “el futuro del empleo dependerá de si la organización del trabajo la determinan unilateralmente las empresas o si la hacen con las trabajadoras y trabajadores de forma democrática. Se ha acabado con el fordismo, pero no con el taylorismo. El pobre Charles Chaplin ni soñaba que lo de Tiempos Modernos era una broma, comparado con lo que puede venirnos si no nos organizamos”.

    05/02/2020.
    En el centro de la imagen, Carmen Castro, Unai Sordo y Julio Monreal.

    En el centro de la imagen, Carmen Castro, Unai Sordo y Julio Monreal.

    Julio Monreal, periodista y director de relaciones institucionales del diario Levante-EMV, fue el encargado de moderar un acto en el que participó en la mesa, junto al secretario general de CCOO, la economista feminista e investigadora Carmen Castro. Posteriormente intervinieron Mónica Oltra, vicepresidenta del Consell de la Generalitat y coportavoz de Compromís; Mercedes Caballero, diputada y secretaria general del PSPV de València; Naiara Davó, síndica del grupo parlamentario Unides Podem; Carlos Alfonso, presidente del CES; y Elena Mañas, coordinadora del Área Socioeconómica del Consell Valencià de la Joventut. Les acompañaron en la fila cero, el secretario general de CCOO PV, Arturo León; la directora del Levante, Lydia del Canto; el presidente de la Fundación 1º de Mayo, Ramón Górriz; el prologuista del libro, Bruno Estrada; así como las secretarias autonómicas Belén Cardona e Isaura Navarro.

    En su análisis económico inicial, Unai Sordo ha asegurado que “la empresa se ha fragmentado, se trabaja en red, utilizando fórmulas mercantiles de relación entre empresas que muchas veces oculta relaciones laborales, como es el caso de la figura del falso autónomo. Y en este proceso de externalización de riesgos es donde irrumpe la digitalización”. Considera que la tecnología mal utilizada puede condicionar la vida y el trabajo de las personas. En esa fragmentación de las empresas, en esa individualización de la sociedad, el sindicato tiene que representar a una clase trabajadora mucho más heterogénea, reforzando los lazos de solidaridad, para no caer en una corporativización múltiple. “Tiene que integrar lo que la empresa ha desintegrado, ser capaz de encontrar herramientas de representación y de organización de la gente, buscando un interés común”, ha señalado Sordo.

    El paradigma laboral ha cambiado y hoy en día va a haber varias transiciones de empleo en la vida de una persona. Así que, lo que “tiene que saber hacer” va a variar, muchas veces, de forma radical. Por tanto, necesitamos un sistema de formación permanente, diseñado conjuntamente entre patronal y sindicatos, dinamizado por el poder público, a través de espacios de diálogo social. Ante la rapidez en las mutaciones, y el riesgo de que una parte de la población se quede en la cuneta, tenemos que abordar el debate de las rentas mínimas garantizadas, desligadas del puro concepto contributivo.

    Para la economista feminista Carmen Castro, el proceso de robotización nos coloca en una disyuntiva y, en particular, a los sindicatos en una situación de asumir el reto de la transformación que estamos viviendo y la necesidad de agilizar la adaptación a la nueva realidad. Coincide con Unai Sordo, en que existe una derivación de la gestión del riesgo en las empresas. Como los puestos de trabajo son cada vez más efímeros y el ideario del pleno empleo se ha diluido, nos tiene que llevar a cambiar el foco de atención. Ya la clave no está, en su opinión, en mantener condiciones para un puesto de trabajo, sino en cómo podemos articular un sistema de protección social que se centre en las personas y no en el empleo, “para que nos se nos quede la gente en los márgenes”.

    Es deseable que el desarrollo tecnológico nos permita una mejor calidad de vida, trabajando menos y liberando tiempo para otros trabajos no productivos. El empleo mercantilizado que conocemos viene de un modelo fabril, totalmente masculinizado, que ha olvidado que las personas tenemos que cubrir otras dimensiones humanas y que no estamos totalmente disponibles. Hay una serie de trabajos que tienen que ver con el cuidado directo a las personas y tenemos que prever cómo vamos a atender esas necesidades sociales, para que no sigan recayendo sobre las mujeres. El componente emocional no es sustituible por los robots. Ese es un reto para las organizaciones sindicales, salir de los trabajos estandarizados para abrir hacia otros ámbitos más relacionados con lo que podríamos llamar “la economía de la revolución social”.

    Intervenciones desde la fila cero

    Mónica Oltra, aludió a las relaciones entre sindicatos y Gobiernos que, en el caso valenciano, es simbiótica. “Hemos puesto en marcha de forma permanente el diálogo social para abordar todo lo que nos afecta en los ámbitos económicos, pero también sociales y medioambientales”. Para Oltra, el paso fundamental es pasar de “qué hay de lo mío” a “qué hay de lo nuestro. Para ello, la clave no es está tanto en buscar unos intereses comunes, sino unos identificadores. Son los elementos de identificación los que tenemos que encontrar desde los ámbitos políticos y sindicales. Y ahí, hay dos temas fundamentales para construir una sociedad más humana: el feminismo y el ecologismo.

    Preguntada por las relaciones entre sindicatos y partidos políticos, Mercedes Caballero del PSPV-PSOE, contestó que históricamente han sido muy fluidas. Se ha producido una sintonía ideológica con los partidos, puntualizó, “de izquierda”. De hecho, los Gobiernos de ese signo, “siempre han contado con los sindicatos para conseguir los mayores avances sociales en España, y así debe seguir siendo. Porque el futuro de los sindicatos tiene y debe que estar ligado al futuro de la izquierda de este país". Un ejemplo de esto último, añadió, lo tenemos en la reciente firma del incremento del Salario Mínimo Interprofesional a 950 euros.

    La representante de Unidas Podemos, Naiara Davó, se refirió a la relación entre sindicatos y movimientos sociales. Recordó que Comisiones Obreras logró capitalizar los anhelos democráticos de un país ahogado por la dictadura y que esta vertiente democratizadora es un hecho diferencial en relación a otros países. “Después del 15M, este impulso para democratizarlo todo se ha intensificado y podemos ver diferentes expresiones como el 8M o el movimiento de pensionistas”. Considera que los sindicatos, como herramientas con larga tradición histórica, y los movimientos sociales, más flexibles y volubles pero con gran capacidad de penetración, parecen convivir en una tensión creativa. Tensiones creativas que permiten multiplicar las potencialidades colectivas.

    El presidente del CES, Carlos Alfonso, expuso la necesidad de financiación pública de los sindicatos para poder desarrollar la encomienda constitucional. Es insostenible generar convenios para 18 millones de trabajadoras y trabajadores, negociar todos los conflictos colectivos o ERE para no expulsen a la gente del puesto de trabajo, solo con las cuotas de la afiliación. Aludió a la campaña ideológica y mediática que presentó al sindicato como el enemigo a batir. Cuestionar el sindicalismo hoy en día es cuestionar un determinado modelo de negociación colectiva.

    Finalmente, Elena Mañas aseguró que las personas jóvenes no acaban de confiar en los sindicatos porque no ven como esas estructuras pueden cambiar la situación laboral y la precariedad que sufren. "Desde el Consell Valencià de la Joventut creemos que se deberían crear espacios para empoderar a la juventud, donde se plantee el problema de la incorporación al mercado de trabajo, y se visibilice a la gente joven como defensora de sus intereses."

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