Comisiones Obreras del País Valenciano | 18 octubre 2026.

No soy tonto

  • Artículo de opinión de José Clemente Saz Soler, delegado de salud pública de la FSS CCOO PV Comarques del Nord.

¿A ver: Gürtel, Kitchen, cambios de leyes para favorecer a determinados bufetes y empresas, novio y hermano de Ayuso… y resulta que nuestros servicios de seguridad no han dispuesto de pruebas concluyentes mediante escuchas y WhatsApp? ¿O es que la prensa no informa detalladamente de los datos e informes de estos servicios? Me pregunto y os pregunto…

10/08/2026.
José Clemente Saz Soler

José Clemente Saz Soler

La respuesta que obtengo es que, sea cual sea la realidad, cada uno de nosotros piensa influenciado por sus ideas y afinidades. En este mismo medio escrito se puede comprobar, en los artículos de unos y otros, enfoques tan dispares y tan alejados de una misma realidad.

Pero hay un matiz, una lectura entre líneas, una conclusión fácil: unos dan por culpables a los otros, insultan, denigran y faltan al respeto al derecho a la presunción de inocencia —entre otros derechos varios, incluidos los humanos—, mientras que otros no lo hacen. Bueno, hay otra realidad: algunos de los que denuncian esos casos acaban ellos mismos entre rejas.

Allá por el siglo pasado nos enseñaban —y ahora en algunos ámbitos también, por suerte— que el respeto es la primera y fundamental norma de convivencia, y que quien no respeta a los demás no es de fiar.

En fin, si no hay separación de poderes, no hay democracia; y si no hay democracia, lo que queda es una dictadura ejercida por unos pocos sobre el resto. No hace falta un dictador, es la propia estructura que se crea la que arrasa con todo, con la igualdad, la justicia y la libertad.

Cuando leo y veo el panorama nacional e internacional, me pregunto si la democracia como forma de Estado está dejando de existir y si la población llega a ser consciente de ello.

Alguien dijo: “Cuando el fascismo regrese, no lo hará en nombre del fascismo; lo hará en nombre de la libertad”. Y yo añadiría: “Y de la justicia social”.

¿De verdad? ¿Unos son tan descaradamente corruptos en tan poco tiempo y los otros son nuestros salvadores, a pesar de todos los casos vistos, de los insultos y de las negligencias? Vaya, al final las películas tan irreales de mi infancia van a resultar ciertas, unos son los buenos —muy buenos, los ganadores de misa y postín— y los demás son los malos, o sea, quienes no son de los suyos.

¿Esa es la forma de Estado que queremos y que necesitamos ante unos servicios públicos de sanidad, educación y servicios sociales cada vez más deficitarios e impotentes para cubrir las necesidades de la población, con una pérdida de poder adquisitivo del 20 %, una inflación disparada por la voluntad dominante de unos pocos y la inaccesibilidad a la vivienda? ¿De verdad?