Comisiones Obreras del País Valenciano | 19 abril 2026.

Como 'gato panza arriba' ante el avance feminista

  • Artículo de Ana García Alcolea, secretaria general de CCOO PV.

El 8 de marzo existe porque otras mujeres, antes que nosotras, se atrevieron a alzar la voz cuando todo estaba en contra: la ley, la costumbre y el poder. 

08/03/2026.
Ana García Alcolea

Ana García Alcolea

Mujeres que ocuparon puestos de trabajo que les pertenecían por derecho, pero que el patriarcado reservaba en exclusiva para los hombres, y que el franquismo blindó hasta convertirlo en norma. Sus conquistas no fueron concesiones, fueron victorias arrancadas a quienes no tenían la menor intención de cederlas. Hoy les debemos el camino que pisamos. Y, también, el seguir andando.

Porque ninguna conquista es definitiva. En cuanto quienes la temen llegan al poder, tratan de revertirla. Lo hemos visto en tiempos de “M.Rajoy”, con una reforma laboral que facilitaba el despido, la congelación del salario mínimo o pensiones actualizadas al ridículo 0,25 %. Políticas que empobrecieron a millones de trabajadores, especialmente de trabajadoras, mientras se presentaban retorciendo el concepto de “austeridad”. Desde entonces se han dado pasos en la consecución de derechos, pero partimos de muy lejos, de una desigualdad estructural arrastrada por el peso de la historia.

En el mercado laboral, las mujeres seguimos teniendo más obstáculos para acceder al empleo, con cifras de paro y temporalidad superiores, y con una jornada parcial que se nos ofrece como si fuera una elección cuando es, en la mayoría de los casos, la única opción disponible. Detrás de eso hay una asignación de roles que lleva siglos funcionando: la feminización de los cuidados. Esa trampa nos ha robado tiempo, carrera profesional y salario. Y a ellos, de paso, les ha arrebatado la posibilidad de cuidar, como si no les correspondiera. 

La distribución del empleo por sectores tampoco es neutral. Las actividades feminizadas son, sistemáticamente, las peor valoradas y las peor pagadas. La brecha salarial no es una anomalía del mercado, es su lógica aplicada con coherencia. Y cuando llega la jubilación, toda esa desigualdad acumulada se convierte en pensión: un 31,2 % inferior a la de los hombres, 454 euros mensuales menos, el precio de una vida entera sosteniendo a los demás sin que nadie lo contabilizara.

Frente a esto, la derecha y la ultraderecha han encontrado su filón: negar que el problema existe. Recortan en políticas de igualdad, amparan el negacionismo de la violencia de género y venden en redes el movimiento tradwife (la mujer tradicional de vuelta al hogar) como si fuera una tendencia y no un retroceso. Detrás de esa estética hay un proyecto político claro, devolver a las mujeres al lugar en que no molestan. 

Mientras personajes como Garamendi, que cobra 23 veces el SMI, se oponen a las subidas de los salarios más bajos que son los que mayoritariamente cobran las mujeres, sus aliados políticos votan sistemáticamente contra cualquier medida que alivie a la clase trabajadora. Se revuelven como "gato panza arriba" ante el avance feminista porque temen perder unos privilegios cimentados en nuestra desigualdad.

Se sienten amenazados porque tienen razones para estarlo. La organización de las mujeres ha demostrado que cambia resultados. Lo vimos en las elecciones de 2023. Por eso insisten en dividir: enfrentan a trabajadoras con trabajadores, a nacionales con migrantes, a jóvenes con mayores. El viejo truco del divide y vencerás, actualizado para redes sociales.

Las mujeres no volvemos a casa. Hace cincuenta años se terminó con la tutela judicial que nos obligaba a pedir permiso para trabajar, viajar o abrir una cuenta bancaria. Eso no fue un regalo, fue el resultado de que muchas mujeres se rebelaran y no aceptaran el no por respuesta. El 8M es la herencia de esa negativa. Y mientras haya desigualdad real que combatir, como sindicato feminista y de clase, esta seguirá siendo nuestra causa.