Comisiones Obreras del País Valenciano | 2 marzo 2026.

Ladrones de paz, traficantes de guerra

  • Artículo de Eva Mª Calleja, secretaria general CCOO AM y Carmen Soria, Educación CCOO AM

Muchas fechas simbólicas salpican nuestro calendario cada año, el Día Escolar de la No Violencia y la Paz cobra especial relevancia en un escenario internacional dominado por el belicismo imperialista y extractivo, guerras que nos roban la paz a diario y que no dejan de sorprendernos para peor, que lanzan un mensaje cargado de matonismo («matón» - «dícese del que mata o amenaza frecuentemente…»): el más fuerte «manda» y el fin justifica los medios.

02/02/2026.
Artículo publicado en el diario Información de Alicante

Artículo publicado en el diario Información de Alicante

No es éste el mensaje que queremos para nuestros hijos, hijas, sobrinos o nietas y tampoco el mundo que queremos vivir y que hereden. Que no nos vendan como triunfadores a esta estirpe de hombres de la guerra. Dicen que la mejor enseñanza es el ejemplo y desde luego, tanto individual como colectivamente, organización o país, tenemos la obligación de dar ejemplo de vida a nuestros semejantes y sobre todo a los menores, a esas personitas que nos observan como adultos del futuro y que retienen lo cotidiano mucho más de lo que pensamos. La omisión y la falta de toma de partido convierten en cómplice a quien las practica.

Los centros escolares son espacios de convivencia en los que se reproduce lo mejor y lo peor, lo que sale de cada casa, de las televisiones, de redes sociales, incluso de algunas canciones que llevan a gala la cultura de la violencia, el control, la sumisión, la violación,… Así, el bullying, las agresiones a docentes (de alumnado y de progenitores), el estado de continua intimidación que habitamos, no sólo obstaculiza el proceso de aprendizaje formal, genera o transmite actitudes en las que la violencia es norma. Es una cuestión que nos preocupa como ciudadanía y como sindicato.

La paz es una herramienta fundamental para cimentar la democracia, el respeto, la diversidad y, muy importante, la propia autoestima y salud mental de nuestros y nuestras menores. Y, ahí, somos responsables todos y todas y todas y todos tenemos la obligación y la oportunidad de mejorar un futuro que parece controlado por el belicismo al servicio de la economía de la desigualdad. El conformismo no es una opción. Organizándonos como tejido social, como células reparadoras en un organismo, nos convertimos en palanca del cambio; el individualismo nos debilita y borra, dejándonos a merced de las circunstancias.

La Convención sobre los Derechos del Niño (CDN) de Naciones Unidas es uno de los acuerdos que más países han suscrito y menos han llevado a la práctica en cada una de las guerras que nos rodean. Y como muestra un botón llamado Israel, por su repercusión, cifras de personas asesinadas, hambrunas programadas y un genocidio consumado.

Israel es uno de esos países que ratificó la CDN, comprometiéndose a proteger los derechos fundamentales de los menores pero que hemos podido comprobar a lo largo de la extensa trayectoria de este conflicto cómo sistemáticamente ha vulnerado los derechos más básicos de la población en general y de la infancia en particular; de hecho, Israel sigue recibiendo críticas internacionales, informes de la ONU por violaciones de derechos contra la infancia en zonas de conflicto como Gaza, sin que esta vulneración de Convenciones, que solemnemente se firman en tratados internacionales, tenga algún tipo de consecuencia real sobre quien incumple. Significativamente, ha provocado más impacto la odisea de la frágil flotilla por el mediterráneo, orquestada civilmente, que las diplomacias y trabajos de las llamadas «Altas Instituciones». Así no vamos.

Hoy, promover la paz en los colegios e institutos es un acto de valentía, porque el bien fabrica valientes, esculpe fortaleza y dibuja futuro, es insuflar conciencia colectiva que genera comunidad, como crear y alimentar nuevos circuitos de una red neuronal; en definitiva, es construir y defender la democracia. A la Paz la venimos dando por supuesta y contemplamos las guerras y las bombas lejos de nuestras calles. Sin embargo, en estos tiempos de fanatismo, individualismo, desprecio al diferente, racismo, machismo, etc, se desprecian valores humanos resignificando y despreciando términos como «buenismo» o «woke», se flirtea con el despotismo imperial y colonialista, lo que debilita los valores democráticos sobre los que construimos nuestra convivencia. Dejemos claro que el mal no puede estar de «moda».

Para llegar a esta situación hay que señalar el papel que la mentira ha tomado en nuestras comunicaciones. Tras eufemismos como «faltar a la verdad», «fake news», «falacia», «postverda», etc se esconde la dictadura de la mentira. Se insulta, acosa, amenaza, agrede o, incluso, se asesina a periodistas. Todo parece permitido para imponer el miedo, el silencio, la desconfianza. Y eso se aprende y se reproduce en casa, en el aula, en la calle, en la vida. El Día Escolar de la No Violencia y la Paz debe ser una fiesta en los colegios y una norma todos los días en las aulas y en casa.

Son las escuelas, las y los profes quienes ponen de especial relieve este día, llenan sus tablones de corcho y paredes de coloridas tareas, sus aulas de actividades trabajadas con mimo, pasión y esfuerzo…la no violencia y la paz lo merecen, nuestra juventud nos lo reclama. Contamos con enseñantes muy comprometidas, y deben disponer de toda nuestra colaboración para facilitar la delicada tarea de formar a nuestra juventud. También sus condiciones de trabajo deben ser ejemplares: salarios dignos, menos burocracia, plantillas suficientes, respeto a la cultura y, para empezar, la llengua. Y en eso debería ser ejemplar una educación pública, gratuita y de calidad.