¿Qué democracia queremos? ¿qué cambios necesitamos introducir?

  • Vivimos en una democracia de bajo coste en crisis de representación
  • La crisis de la democracia es la de la socialdemocracia

Este jueves 11 de enero tuvo lugar la última sesión del Seminario de Economía, Política y Sociedad de CCOO PV, un espacio de debate y reflexión abierto que contó con las intervenciones de los sociólogos Ignacio Urquizu y Xavier Coller, para abordar la calidad de representación de la democracia española y los posibles cambios al respecto.

12/01/2018.
Inma Martínez, Xavier Coller,Ignacio Urquizu y Emerit Bono

Inma Martínez, Xavier Coller,Ignacio Urquizu y Emerit Bono

La secretaria de Formación Inma Martínez y el coordinador del seminario, Emerit Bono introdujeron las ponencias, animando a la apertura de miras sobre la calidad democrática y recordando la relación entre el miedo a la pérdida de estatus y la radicalización identitaria o el resentimiento que lastran el avance de la convivencia.

La primera intervención correspondió a Xavier Coller, catedrático de sociología de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, Doctor por la Universidad Yale y por la UA de Barcelona, periodista y autor de una treintena de publicaciones sobre organizaciones complejas, identidades colectivas, y élites políticas.

Vivimos en una democracia low cost

(El Presupuesto del Congreso es de 85 millones y el del Real Madrid de 800 millones)

A su juicio, si bien tenemos una crisis de representación, conviene reconocer una realidad que ha evolucionado a mejor. Según Coller la democracia es método de selección de representantes más que un fin en si misma, un régimen de gobierno que no es perfecto ni barato, sobre el que tenemos una visión quizá edulcorada, y necesitada de actualización.

“La española es una democracia de bajo coste” afirmó, que enfrenta una crisis de representación con afectación en varias dimensiones. La descriptiva (el modo en que los representantes se parecen a la sociedad que dirigen) y la sustantiva (la congruencia entre los deseos de la ciudadanía y sus representantes).

Coller fundamentó su exposición en un análisis de los datos descriptivos de representatividad en los diferentes parlamentos entre 1981 y 2016 como base de un diagnóstico riguroso que considera imprescindible para entender la complejidad de la realidad política. En su análisis destacó tanto el nivel de formación de nuestros representantes “el más alto del periodo democrático” como la limitación presupuestaria para contrarrestar las presiones de grupos de presión con los recursos para ofrecer estudios, proyectos y propuestas que casi son un anteproyecto de ley. ¿Es preferible que nuestros representantes se parezcan al electorado o que dispongan de mejores recursos para defender el intereses ciudadano? A su parecer, hay un nudo gordiano en la selección de la clase política y en los criterios de los partidos ¿fidelidad, capacidad, apoyo territorial?

Analizando nuestro índice sintético de desproporción social concluyó que nuestros parlamentos se parecen bastante demográficamente a la sociedad que representan y que la evolución histórica ha supuesto un incuestionable aumento de la variabilidad social y de la diversidad parlamentaria.

Respecto a la dimensión sustantiva mencionó tres brechas importantes entre la ciudadanía y sus representantes, detectadas en encuestas dobles. Brecha ideológica, de identidad colectiva y de concepción de la representatividad (más o menos receptiva con las demandas ciudadanas).

La ponencia abundó en datos respecto a la percepción de cada colectivo sobre cuestiones como ¿a quién cree vd que representan? (si al partido o a toda la sociedad), o si la política española está orientada por el consenso o por el conflicto. Pese a la imagen y el relato mediático, el 56% de las leyes españolas se aprueban sin votos en contra, y el 39% de las 269 leyes aprobadas por las Corts valencianes han tenido un 100% de consenso”.

La crisis de la democracia es la crisis de la socialdemocracia

El segundo ponente fue Ignacio Urquizu, Doctor europeo en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor-miembro del Instituto Juan March. Profesor contratado doctor de Sociología en la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM. Colabora con la Fundación Alternativas y con la Fundación Europea de Estudios Progresistas (FEPS).

Urquizu comenzó reconociendo que su experiencia política le ha permitido darse cuenta del desconocimiento sobre cómo funciona el poder, de cómo después de meses de trabajo. la estrategia política te lleva a votar en contra de propuestas cuyo contenido compartes.

Según su visión, la brecha de representación guarda una estrecha relación con la forma en la que la concebimos, Ante la disyuntiva ¿son preferibles representantes más capaces (no sólo por formación, por recursos, por criterio) o más parecidos a la población media?

A su juicio “tal vez el problema de este déficit es la renuncia de los políticos a hacer política”, a las tres premisas que considera imprescindibles para una buena labor política: “saber de lo que hablas, creer en lo que dices y tener un proyecto político para tu país compartido con una mayoría”.

Urquizu atribuyó este déficit, en parte, a las dos “explicaciones” que han vertebrado esta crisis política. Por una parte el debate (poco riguroso y carente de un modelo o propuesta coherente) con gran insistencia en los medios afirmando que nuestra democracia adolece de instituciones caducas y urgiendo a cambiarlas.

“No comparto esa visión regeneracionista y pesimista” que considera descontextualizada, y no ajustada a la realidad. “Para abordar las reformas en nuestra democracia hay que saber primero en qué tipo de democracia queremos vivir, definir el modelo”.

En referencia a los posibles cambios que enriquecieran nuestra calidad democrática, Urquizu mencionó al libro de James A. Robinson ¿Por qué fracasan las naciones? En el que se afirma que son las instituciones inclusivas y pluralistas las que permiten avanzar más. Del conjunto de propuestas reformistas, considera interesantes, por ejemplo, el Anteproyecto de Ley de Transparencia sobre Lobbies, que le parece es una buena iniciativa política de refuerzo democrático.

El segundo foco de solicitud de cambios ha puesto énfasis en los actores, sobre todo en la necesidad de democratización del funcionamiento interno de los partidos. Tras la fase teórica la intensa experiencia de las primarias ha puesto de relieve la limitación del mecanismo. Hay que contar con el riesgo de favorecer a candidatos por anclaje orgánico, institucionales o perpetuar a figuras todopoderosas con un apoyo aplastante en un territorio, independientemente de su capacidad técnica, proyecto, o labor política (Fabra hubiera arrasado en Castellón).

Urquizu también apeló a la complejidad del poder y de la política, de sus claves y de la necesidad de hacernos preguntas como qué tipo de militancia tienen los partidos y cuales son sus motivaciones. Respecto a ala pluralidad de los medios, si bien coincide en que generan un debate público de baja calidad, cuestionó la magnificación de la altura política de los representantes en la etapa fundacional, señalando la ausencia de Internet y la mediación de crónicas dulcificadas.

El ponente concluyó su análisis hablando de la crisis de la socialdemocracia, tras la cesión de la política monetaria a la gestión “independiente” del Banco Central (y por tanto la política fiscal y social) y la dificultad para hacer funcionar políticas de demanda expansiva de consumo en una economía globalizada.

Tras haber accedido al poder y vivir una época dorada de resolución del conflicto redistributivo mediante políticas de construcción y consolidación del Estado de Bienestar, la actualidad es de impotencia democrática. Al respecto, Urquizu apela a la necesidad de reconfigurar una propuesta económica capaz de atajar la inseguridad en la que vive la población, agravada en los colectivos más vulnerables, y de contener el auge del populismo y las respuestas simples de ultraderecha.

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