Comisiones Obreras del País Valenciano | 16 junio 2026.

Lo justo es pagar lo justo; ¿o no?

  • Artículo de Javier Pérez, Salud Laboral CCOO l’Alacantí-les Marines

Tras ese solemne, rácano y, sobre todo, tramposo lema se encuentra toda una declaración de aviesas intenciones en todas las materias, incluida la salud laboral. Y hablando de salud laboral es imprescindible hablar de la salud mental relacionada con el trabajo, ese tipo de salud que, en el borrador de la nueva Ley de Prevención de Riesgos Laborales, se equipara a la salud física.

05/05/2026.
Javier Pérez Ferre

Javier Pérez Ferre

¿Justo para qué y para quién? Este lema funciona, ha funcionado y mucho me temo que funcionará, como una elegante y falsa excusa de mal pagador para continuar ignorando y ajustando costes en materia de salud laboral, especialmente cuando se trata de algo que no sangra ni se fractura, al menos no en una radiografía: los trastornos mentales derivados del trabajo. No hace falta tener una mente privilegiada para entender que invertir en prevención jamás es un mal negocio; con ese montante, sea “justo” o no, se salvan vidas y se ayuda a sanar mentes.

La salud mental ha sido desde siempre tratada como algo personal en el más amplio sentido de la palabra. En contadísimas ocasiones las mutuas admiten el origen laboral del trastorno y es realmente fascinante cómo logran separar con precisión milimétrica al trabajador o trabajadora de su contexto de trabajo, y lo más curioso es que las bajas por este tipo de enfermedades están definitivamente marcadas como una de las grandes causas del tan manido embuste del “absentismo laboral”.

Mientras tanto, la inversión en riesgos psicosociales sigue siendo para muchas empresas y para las distintas administraciones, sean del signo que sean, ese gasto incómodo que, en realidad, no sirve para gran cosa. Así, el “pagar lo justo” se convierte en un mantra tranquilizador: se paga lo justo, o lo que haga falta, por la producción o por los beneficios (algo lógico por otra parte), pero no por los trastornos mentales derivados del trabajo, no por la carga psicológica, mental, etc., no por ese peaje que muchas y muchos pagan, y de qué manera, en silencio. Ese tipo de trastornos que erosionan la salud, hunden el desempeño y comprometen la credibilidad de la empresa.

Somos el país que más ansiolíticos consume del mundo y eso no es ninguna casualidad. Es francamente sorprendente la capacidad de mirar hacia otro lado cuando el desgaste mental de las personas trabajadoras empieza a hacer ruido; cuando se tienen que “dopar” para ir a trabajar porque muchas veces no les sale a cuenta que la salud pública —siempre la salud pública, no les queda otro remedio— les dé la baja.

Y hablando de que lo “justo es pagar lo justo” en su sentido más amplio, esta justicia debería traer consigo el reconocer que el trabajo no solo ocupa horas sino también mentes y que, si realmente queremos hablar de lo justo, habría que empezar a admitir que en el trabajo no todo lo que se lesiona o se quiebra se ve.

Para acabar, solo unas cifras que aclaran cómo está el panorama y lo que queda por invertir para que estos problemas tengan algún día perspectivas de solucionarse: en la sanidad pública, cada día más deteriorada por la comunidad autónoma de turno, tocamos a 4,3 psicólogos/as y a 11 psiquiatras por cada 100.000 habitantes.

¿Es justo que las distintas administraciones paguen lo justo para solucionar semejante desastre? ¿O dejamos que las mutuas sigan facturando con carácter inmediato al servicio público de salud todos los trastornos mentales derivados del trabajo?

Ustedes mismos/as.